El pasado 16 de agosto enviamos una invitación a José Manuel Soria, ministro de Energía, Industria y Turismo para que nos acompañase en una expedición alrededor de las islas Svalbard a bordo de nuestro barco Artic Sunrise. Queríamos mostrarle este bello paisaje y que valorase de primera mano los efectos del cambio climático en el Ártico y que se diese cuenta de lo importante que es establecer políticas energéticas basadas en la eficiencia y en la inteligencia.

Pero parece que el ministro ha estado bastante ocupado con la aprobación de una reforma fiscal energética, que ha llevado cola en el Consejo de Ministros y que finalmente supondrá el tributo sobre la producción de energía eléctrica de un 6% para cualquier tecnología sin excepción.

El ministro Soria ¡ni se imagina lo que se ha perdido!

Le teníamos preparado un viaje de ensueño, que iba a disfrutar. Ya no podrá ir con nosotros en una de las emblemáticas lanchas de Greenpeace y navegar entre icebergs y placas de hielo para valorar el avance de los glaciares hacia el mar y su fusión cada vez más temprana y acelerada como consecuencia del calentamiento global. No le podremos mostrar los riesgos a los que se enfrentan los ecosistemas árticos y la pérdida gradual de su capacidad para “refrigerar” el planeta. Tampoco le podremos llevar a la búsqueda de barcos pesqueros que faenan en estas aguas, ni subir a bordo de uno de ellos para que nos muestren los métodos de pesca y reportar sus capturas. Y se quedará sin conocer a algunas de las personas que viven desde hace miles de años en estas latitudes. Pueblos indígenas y gentes que han sabido adaptarse perfectamente en un entorno extremo, tanto por las condiciones ambientales como por su belleza.

Si Soria hubiese ido al Ártico...

Seguro que se habría dado cuenta de la gravedad del cambio climático y de la importancia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pues habría vivido junto a nosotros y junto a los científicos del Centro de Datos Nacional de Nieve y Hielo de los Estados Unidos (NSIDC), el mínimo histórico de hielo ártico, desde que se tiene registro por satélite (1979) y se habría asustado al ver que cada vez queda menos hielo en el polo y que cada vez hay más barcos pesqueros, más rutas marítimas de navegación abiertas y más plataformas petrolíferas intentando apropiarse de este paraje natural. Y quién sabe, tal vez, hubiese rectificado esta reforma fiscal en favor de las renovables, eliminando los impuestos a las renovables y suprimiendo la moratoria a las primas para las energías limpias. Se habría dado cuenta de los fuertes intereses que despierta la industrialización del Ártico y de los riesgos a los que se enfrentan los fondos marinos, la biodiversidad y las poblaciones locales por la codicia de empresas y países que quieren expoliar los recursos naturales que encierran las aguas del océano ártico.

...Pero aunque Soria no nos quiera acompañar, nosotros seguiremos trabajando por acabar con las energía sucias y denunciando las extracciones de petróleo en aguas profundas, como el experimento tecnológico que el mismo Soria aprobó para Canarias en el mes de marzo.

Desde que comenzamos la campaña para salvar el Ártico no hemos dejado de presionar a las grandes compañías petroleras para que se vayan de sus aguas. Gazprom ha sido la última compañía en irse del Ártico, tras reconocer que la seguridad en la perforación no es suficiente y que la extracción de petróleo puede ser muy peligrosa. Antes que Gazprom, ya se vieron obligadas a abandonar el Ártico las compañías BP en Canadá, Shell en Alaska y Cairn Energy en las costas de Groenlandia.

Parece que, de momento, dejarán invernar al Ártico en paz y que gracias a las movilizaciones, al trabajo con las poblaciones indígenas, y a todas las acciones que se han realizado para frenar las perforaciones, cada vez estamos más cerca de conseguir una figura de protección para el Ártico.
Tatiana Nuño (@T_Nunho) campaña de energía y Cambio Climático de Greenpeace España
© Alex Yallop / Greenpeace